domingo, octubre 01, 2006

Intervención Padre Hugo Yáñez C. en el primer encuentro "La Democracia Cristiana Escucha a Rancagua."


PARTIDO DEMOCRATA CRISTIANO
CONGRESO IDEOLOGICO

Hacia un testimonio de servicio y fraternidad




Pbro. Hugo Patricio Yáñez Canales


Se ha solicitado a distintas instancias políticas, ideológicas, culturales, empresariales o religiosas un aporte para la realización del Congreso Ideológico de la Democracia Cristiana. De por sí, es altamente valiosa esta iniciativa, que debiera agradecerse por las proyecciones que ello importa: contribuir de manera crítica, pero propositiva al engrandecimiento del país, a la búsqueda del Bien Común y, de paso, impulsar y motivar un compromiso creciente de servicio al prójimo, especialmente de los más necesitados, por parte de un partido político de la importancia histórica e impronta socio-cultural como lo es la Democracia Cristiana.

Se nos piden dos aportes concretos: ¿Cómo vemos al Partido? ¿Qué esperamos del Partido? Por cierto que la primera pregunta conllevará un gran cúmulo de respuestas, visiones y perspectivas por parte de todos los requeridos, en el país y en nuestra Región. Me atrevo a suponer que las respuestas serán concordantes en muchos aspectos, con algunas variantes. Sin embargo, espero entregar hoy más espacio a la segunda pregunta acerca de lo que yo espero, de lo que la Iglesia espera, de lo que el país espera de la Democracia Cristiana.


¿Cómo veo a la Democracia Cristiana actualmente?:

Mi impresión personal, y la de algunos sacerdotes y laicos que logré consultar en estos días, es básicamente que la DC ha perdido el ímpetu del humanismo cristiano, la mística que se desprende (hablo en presente) de las enseñanzas de Mounier y de Maritain, los grandes y permanentes maestros. Creo que el Partido llegó a ser más valiente, más profético, más audaz en décadas anteriores, en particular aquella que presenció el ascenso de los jóvenes, de los obreros, de las mujeres, de los campesinos y de los pobladores que protagonizaron la Marcha de la Patria Joven y llegaron al Gobierno con Eduardo Frei Montalva. Seré crudo, pero se me ha pedido ser claro: un sacerdote me confiaba hace pocos días su percepción acerca de que la DC se ha “casado” y hasta se ha “vendido” al modelo neo-liberal. Y postulaba que los maestros ideólogos eran más críticos y punzantes frente a las injusticias y a la miseria. El mismo religioso afirmaba del Partido que actualmente “no calienta a nadie”, porque aparece siempre sin definición ante los problemas, o llega tarde a ellos. Está como sentado, incómodamente, entre dos sillas: la derecha y la izquierda.

Lo anterior creo que debe conducir a un necesario y urgente rescate de las riquezas ideológicas contenidas en el Humanismo Cristiano y en la Doctrina Social de la Iglesia, salvaguardando el criterio de que la DC no es, ni es deseable que sea, un partido confesional. Esa polémica ya se cerró hace décadas en nuestro país, por suerte. Pero no impide que la DC se nutra constante y permanentemente de esas poderosas fuentes de contenido, para saber denunciar a tiempo las injusticias y proponer oportunamente las soluciones. Considero preocupante que la DC “llegue tarde”, o pierda espacios, o sea incapaz de situarse adecuadamente ante los temas emergentes o nuevas coyunturas. La década de la Patria Joven, de los bullentes años 60, ya no son los tiempos globalizantes y desafiantes de esta primera década del siglo XXI. La ausencia, o escasa figuración, de líderes juveniles secundarios cercanos a la DC o militantes de ella en las recientes manifestaciones estudiantiles es una clara advertencia al respecto. Sin definiciones oportunas y sin posiciones más precisas y definidas, la Democracia Cristiana corre el riesgo de seguir perdiendo espacios e influencias, en una perspectiva de legítimo y sano acceso y uso del poder, especialmente en el ámbito de las reivindicaciones y demandas populares, como las que hemos presenciado en estos meses recientes.


¿Qué espero de la Democracia Cristiana?:

¡¡Mucho!! La Democracia Cristiana representa un espacio específico en nuestro país, no sólo político, sino que también social y cultural. Una especificidad que le brinda su inspiración humanista cristiana, en la que también pueden convivir hombres y mujeres que no sean cristianos, incluso que no sean creyentes. Pero que no le impide alimentar su acción a partir del Humanismo Cristiano y la Doctrina Social. Estimo que la DC debe saber acompañar a los chilenos y chilenas en esta nueva etapa que vive el país y la humanidad.

Espero que la Democracia Cristiana sea lo que siempre quiso ser, desde los tiempos de la Falange: un factor crítico y hasta rupturista con el orden mundial vigente, en todas sus vertientes ideológicas que no conducen a la felicidad y al bienestar del hombre. Tal vez eso se apreciaba de mejor manera en tiempos de la Guerra Fría, pero hoy también podemos ver injusticias y desigualdades, incluso peores que años atrás. Hasta podríamos hablar más apropiadamente de un “desorden mundial vigente”. Este rupturismo no es una idea propia que se me ocurra en este momento. Lo postulaba Jaime Castillo Velasco, gran inspirador ideológico.

Espero que la Democracia Cristiana tenga siempre una actitud crítica frente al valor y al ejercicio de la Democracia, de manera responsable pero audaz. Que comprenda que la Democracia en sí no es un fin, pero sí al parecer el mejor medio que hoy existe para lograr la felicidad y el bienestar humanos y como forma de organización política. Que le otorgue siempre a la Democracia un sentido social y un espíritu solidario. Que tienda siempre hacia la construcción de una sociedad con mayores cuotas de justicia y solidaridad.

Espero que la Democracia Cristiana se sienta llamada a construir junto a otros sectores, y no de modo solitario o aislado, la gran tarea del ideal democrático para un país con crecientes niveles de justicia y equidad. Que ayude a superar, pero de verdad, las trabas institucionales que aún subsisten para el arribo a una democracia plena y participativa.

Espero que la Democracia Cristiana sea capaz de superar la idea de una búsqueda afanosa e individualista de la propia conveniencia, por sobre la búsqueda honesta y denodada por el Bien Común, porque como decía Don Jaime, hoy por hoy corren muchos “vientos de ferocidad individualista”.

Espero que la Democracia Cristiana asuma firmemente la necesidad de una gran política de participación para la resolución de los numerosos problemas del país, por sobre las conductas hegemónicas, mezquinas o temerosas de perder ventajas egoístas.

Espero que la Democracia Cristiana afronte con valentía la pérdida de valores y virtudes cívicas y humanas que en otros momentos históricos supo reflejar: que viva la política a partir de la vivencia de una comunidad de personas que comparten ideales y anhelos; que haga prevalecer la presencia de vínculos afectivos fuertes entre sus integrantes; que supere las sensaciones de desilusión, inercia o desgaste, de falta de motivación y de energías.

Espero que la Democracia Cristiana sea capaz de recuperar la práctica del debate amplio, abierto, fraterno y sano, de cara a los nuevos desafíos de cambio de siglo y milenio; que vuelva a vivir el ambiente de alegría y de sentido de equipo que trabaja para fines colectivos, y que prevaleció, por ejemplo, en el histórico plebiscito de 1988.

Espero que la Democracia Cristiana retome niveles de mayor vinculación con la opinión pública, con los sectores populares que le dieron su apoyo en jornadas electorales anteriores, con las organizaciones sociales y sindicales que le dieron fuerza y presencia pujante en la historia social chilena

Espero que la Democracia Cristiana brinde un eficaz testimonio de vocación política y ciudadana, con sentido de futuro, más que con una visión pragmática o inmediatista.

Espero que la Democracia Cristiana recupere con decisión y fuerza valores como la equidad, la justicia social, el diálogo sincero, la honestidad pública y privada, el humanismo trascendente, el amor al prójimo, la fraternidad y el testimonio ejemplarizador. También la superación de la “escandalosa y creciente brecha entre ricos y pobres” en nuestro país, como lo denunciaron los Obispos católicos el año pasado.

Espero que la Democracia Cristiana se haga responsable de la edificación del Bien Común, que es la última y primordial razón de ser de toda autoridad política, como lo resume el “Compendio de la Doctrina Social”, recientemente editado.[1] Que el Partido sea capaz de hacer accesible a las personas los bienes necesarios para gozar de una vida auténticamente humana.[2]

Espero que la Democracia Cristiana sea eficaz en la búsqueda de “la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la comunidad civil, incluidas las minorías”.
[3]

Espero que la Democracia Cristiana sea capaz de otorgar al Bien Común su dimensión trascendente, que supere la dimensión histórica y materialista, sin desconocerlas, pero que se proyecte hacia su finalidad propia, que es la más profunda razón de ser de las personas y de sus instituciones.
[4]

Espero que la Democracia Cristiana no deje de recordar constantemente el testimonio de vida, en lo personal y en lo público, de aquellos hombres que la engrandecieron, en nuestro país y en otros lugares el planeta, donde supieron ser ejemplo para sus contemporáneos. Tal vez hoy será oportuno graficar en uno de estos prohombres las enseñanzas que dejaron a las próximas generaciones. Se trata de un gran político italiano, conductor de su pueblo tras las horas amargas de la derrota bélica de la Segunda Guerra, Alcide De Gasperi. Este político afirmaba, entre otras cosas, que “la libertad se conquista tras un largo y esforzado camino”. Supo defender con pasión y hasta con dolor la centralidad de los valores morales, a la par que salvaguardar la conciencia moral de las personas. De Gasperi pedía a sus camaradas contemporáneos en Italia: que la Democracia Cristiana sea siempre fuerza y apoyo para los creyentes; y también garantía de la libertad de las conciencias, para los no creyentes. Su testimonio de vida personal, familiar y partidista lo condujo a no mostrarse indiferente a las necesidades de los hombres. Es el testimonio de este político italiano que hoy les traigo a colación para que no lo olviden, aquellos que sabían de él; y para que lo conozcan, o se motiven por conocerlo, aquellos que no habían oído hablar de él. Fue una vida que supo expresar la valentía, la coherencia y un talante abierto y universal.



En síntesis:

Quisiera expresar, finalmente, lo que la Doctrina Social de la Iglesia espera de un partido político que lleva la denominación de cristiano, no como “apellido” sino como marca y distinción. Qué espera la Doctrina Social de la Iglesia de un laico comprometido como militante, resguardando ciertamente la no confesionalidad de este partido. Pienso que lo que viene a continuación puede ser válido tanto para un creyente como para un no creyente, porque responde a valores universales.

Que todo compromiso político militante debe ser un empeño por el servicio a los demás, especialmente a los más pobres y sufrientes.

Que esta militancia política, y más aún si se poseen cargos directivos, debe adoptar necesariamente un componente y una perspectiva moral, que conduzca cada vez más a mayores niveles de humanización y justicia, al servicio de la dignidad de la persona humana.

Que el ejercicio político en general, y del poder político en particular, debe efectuarse a partir de una gran responsabilidad y de una adecuada preparación, tanto en lo técnico como en lo valórico, resguardando la participación y la libertad de la comunidad entera.

Que toda acción política, independiente del nivel ejercido, se realice en un constante y atento discernimiento de las condiciones y circunstancias que se presenten, evaluando lo que es humanamente posible y lo éticamente realizable.

Que todo compromiso político se ajuste siempre a algunos criterios éticos fundamentales, tales como la estrecha relación entre lo que es legal y lo que es moral; la fidelidad a la propia identidad; la disponibilidad al diálogo amplio y sin exclusiones; la permanente referencia a los valores morales.

Que la adhesión a un partido político (así como a sus métodos, estrategias e instrumentos políticos) siempre responda a una opción valórica coherente. “En cualquier caso, toda elección debe siempre enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común”.
[5]


Mis palabras finales para agradecer una vez más la posibilidad de poder expresar lo anterior. Un Congreso Ideológico no ocurre a cada momento. Es una gran oportunidad que se abre a una instancia partidaria tan importante en el escenario de la política chilena como es la Democracia Cristiana. ¡Qué no llegue tarde a los acontecimientos del país! ¡Que no llegue tarde a los dolores y a los sufrimientos de sus compatriotas! ¡Que no llegue tarde a las demandas urgentes y a los mejores anhelos de Chile!

Es la ocasión para hacerles volver la mirada a ustedes hacia aquellos seres humanos que supieron dar testimonio personal y político a través del servicio público a sus hermanos. Hombres como el ya mencionado Alcide De Gasperi, Amintore Fanfani, Konrad Adenauer o Aldo Moro, en el campo de la política. O, en otros ámbitos, Balduino I de Bélgica, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, o los maestros de siempre: Emmanuel Mounier y Jacques Maritain, por mencionar sólo algunos.
Y es hora también de que ustedes vuelvan la mirada hacia los suyos, aquellos que dieron testimonio en Chile. No hablo sólo de los grandes líderes y conductores que el Partido tuvo en épocas anteriores, y que todos conocemos. Este Partido es también el Partido del joven Juan Millalonco, del transportista Mario Fernández, del estudiante Mario Martínez, y de tantos otros anónimos que dieron lo mejor de ellos mismos por sus ideales, y hasta dieron su propia vida por estos anhelos de una Patria grande, justa, fraterna y solidaria.


Muchas gracias.



Rancagua, Septiembre 28 de 2006



[1] Cf. “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Pontificio Consejo Justicia y Paz. Ediciones San Pablo y Conferencia Episcopal de Chile. Septiembre de 2005. Nº 168.
[2] Cf. “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Nº 168.
[3] “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Nº 169. Las negrillas son propias.
[4] “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Nº 170.
[5] “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”. Nº 573.