martes, septiembre 05, 2006

PALABRAS SOLEDAD ALVEAR EN ROMERÍA EDUARDO FREI MONTALVA

PALABRAS SOLEDAD ALVEAR EN ROMERÍA EDUARDO FREI MONTALVA

“Que amargo ha sido volver a recordar la muerte de don Eduardo Frei Montalva. Ese 22 de enero de 1982 una tristeza de muerte se posó violentamente en nuestros espíritus, cuando más lo necesitábamos se nos iba.

Sentimientos que nos volvieron a embargar estas últimas dos semanas, cuando como pesadas gotas de ira, fueron cayendo sobre nosotros, esas imágenes de ultrajante menosprecio de uno de los grandes de la patria.

Y volvieron a nuestros corazones las preguntas que no tienen racional respuesta. ¿Qué son las cosas de los hombres y mujeres, sino dolor, enfermedad, ignorancia, maldad y muerte?

Un cansado sabio del Antiguo Testamento se quejaba hace 2.200 años atrás: hay veces que sentimos que en esta vida “todo es decepción y cazar viento” y que a medida que crecemos en sabiduría crecemos en pesar, pues “el que acumula conocimientos acumula dolor” (Qohelet 1,18)

¿Será este el destino de Eduardo Frei Montalva? ¿Tiene su vida un sentido y su obra un destino?

¿Qué quedará de la obra de ese hombre que se propuso dar dignidad al trabajador, tierra al campesino y esperanza al afligido?

Muchos de nuestros jóvenes, ante este mundo de injusticia sentirán que es cierto lo que afirma el sabio de la antigüedad: “Una generación se va y otra viene y la tierra está siempre igual”. (Qohelet 1,4) “Por doquier se oprime el pobre y se conculca el derecho y la justicia”. (Qohelet 15.7)

¿Cómo no sentir la vigencia y verdad de esas palabras cuando veíamos la semana pasada dudas que rodean la muerte de nuestro Presidente Eduardo Frei Montalva? ¿Qué sentido tenía volver a vivir estos horrores ya pasados?

La respuesta a estas preguntas de angustia, se me hizo presente bajo la forma del recuerdo de niña, la voz del hombre de la Patria Joven en la que participé siendo niña, volvió a remecer mi alma. Y entendí y hoy entiendo, que el dolor de estos últimos días tiene sentido y destino.

Hay un hombre, un cuerpo, un alma, un legado que entregar a las nuevas generaciones.
Joven chileno, el que nació tras el 5 de octubre de octubre de 1988, a ti te dirijo estas palabras de recuerdo agradecido y de promesa renovada.

Hoy, en este campo de muerte, te quiero hablar de la vida de un hombre que un 21 de junio de 1964, en aquel entonces Parque Cousiño, ante centenares de miles de personas y jóvenes escuchamos, “ustedes jóvenes que han marchado, son mucho más que un partido, son verdaderamente la Patria Joven que se ha puesto en marcha”.

Joven de la generación del bicentenario, a ti te digo que te mienten quienes te dicen que los sueños no se pueden hacer realidad, que esta vida es sólo un lento transitar de placeres infecundos y dolores sin sentido. Te lo dice quien en esa tarde de juventud de 1964 expresó: “ustedes muchachos del Norte traen la lección del heroísmo. En sus pies hay sal de la pampa y polvo del desierto, es el Norte que llega. Ustedes muchachos del Sur con sus canciones han conmovido a las araucarias y a los milenarios alerces, cuyos troncos calcinados parecen al viajero cementerios de héroes antiguos. Traen ustedes en su mirada los lagos, los ríos y los bosques, y en sus manos los frutos de nuestra tierra. Ustedes han venido franqueados por dos compañeros, la cordillera y el mar, que nunca abandona al chileno”.


¿Qué buscábamos, esos centenares de miles de jóvenes que allí nos congregamos? Nada menos que escuchar en la voz del líder de juventudes, el grito de la tierra chilena. Esa que decía “¡Cuídenme para que yo no me vaya hasta el mar y se queden ustedes sin territorio que cultivar! ¿Qué nos dicen los ríos? ¡Sujétenme porque cada litro de mi agua es para fecundar su tierra! ¿Qué nos grita el árbol? ¡No me quemen! No me destrocen inútilmente porque hay muchos años en mi corazón para servirte, para traerte lluvia, para sujetar desiertos, para regular tus ríos”.

El orador emocionado nos llamaba a grandes cosas, “Con ustedes vamos a construir el desarrollo económico de Chile. Vamos a levantar la condición de la agricultura chilena para que la tierra alimente al pueblo de Chile. Vamos a desarrollar la industria, vamos a hacer una audaz política minera. Vamos a conquistar los mercados del mundo, para que no sólo salga de nuestro país el fruto y la tierra bruta, sino que productos elaborados por el trabajo chileno convertidos en algo noble y de valor”.

Y para eso, don Eduardo Frei Montalva necesitaba una juventud que fuera más que entusiasmo, “para que la juventud pueda significar algo para el país, debe poner un corazón limpio y puro…Por eso mismo les digo hoy a ustedes jóvenes, mantengan el corazón limpio porque así servirán a su partido, así servirán a su patria. Tengan ustedes no sólo gritos. Sean portadores de un mensaje”

Y Eduardo Frei Montalva tuvo esa juventud que se hizo patria, la de 1810, la de 1879, la de 1891, la de 1964. Como nos dijo, ¡ustedes son la Patria sí, gracias a Dios!

Y al final de su mandato pudo decir que había chilenizado el cobre; dado la tierra al que la trabajaba; realizada la reforma educacional; hechas la sindicalización obrera y campesina y la promoción popular. Las alas de Chile volaron muy altas en libertad y su estrella solitaria iluminó poderosa el cielo de la humanidad que pedía justicia.

Pero no había arrogancia en su corazón. Por ello, en su ultimo mensaje al Congreso, al señalarle a su juventud que una revolución en libertad había fecundado el país de una manera irreversible, sostuvo que quería “sobretodo decir que si algo he aprendido en estos años es que un hombre no es más que un hombre”. Por eso, pedía perdón por sus errores y agradecía a su partido, a sus amigos y colaboradores sin los cuales nada hubiese podido hacer.


La última ocasión solemne en que habló a nombre de los que representaban la continuidad histórica de Chile y la voluntad de la inmensa mayoría de los chilenos fue el 27 de agosto de 1980, en un teatro Caupolicán repleto de hombres y mujeres libres. Se opuso con decisión a un plebiscito que no dudó en tildar de ilegitimo y de una constitución que llamó autoritaria. Dijo sus verdades, la democracia no era un caos. La inmensa mayoría de los chilenos quería vivir en paz y en orden; que se respetasen sus derechos, que desapareciera el temor.

Fracasado en su intento de detener lo indetenible, votó que No y soportó la persecución en el exilio de Andrés Zaldívar y Jaime Castillo.

Joven chileno cuando el sol del mediodía ilumina este campo donde duermen los Presidentes de Chile, quiero decirte que la vida y obra de ese hombre que hoy nos congrega fue coronada por las palabras de otro grande del siglo XX: Raúl Silva Henríquez. El Cardenal de la Vicaria de la Solidaridad sostuvo en su homilía que también debemos arrebatar del olvido que “Frei fue aquel hombre profundamente cristiano que vio a Cristo reflejado en su pueblo” Por eso, el Cardenal se imaginó al propio Señor diciéndole al presidente de los campesinos de Chile, “Venid a mí bendito Padre, porque cuando yo tuve hambre tú me diste de comer en los pobres de Chile. Yo estaba sin casa y tú procuraste una habitación digna para mí. No tenía tierra para trabajar y tú supiste reconocerme a los campesinos. Yo estaba en la cárcel y tú me fuiste a ver. Yo me encontraba humillado y tú levantaste la voz para defender mi dignidad”

Joven chileno, tú que andas buscando un modelo que imitar, una guía que seguir, una causa de abrazar, una empresa que iniciar en esta mañana de dolor los democratacristianos con humildad te pedimos que dirijas tu vista en dirección al Presidente de la Patria Joven.

Joven del bicentenario, no todo lo humano está llamado a ser olvidado, ni a morir.

Joven del nuevo amanecer de nuestra patria, la injusticia puede ser derrotada y la dignidad de la vida y del humilde enaltecida.

Sea Eduardo Frei Montalva presidente de la Patria Joven, testimonio y prueba que ello es posible.